“El masaje”
- Laura Guardincerri
- 22 mar
- 8 Min. de lectura
Actualizado: 13 may
Sábado a la mañana, me llega mensaje de “Guido”: —¿Estabas a full hoy, no? Porque tengo tiempo ahora para ese masaje…
Respondí que estaba con tiempo. Imaginé que quizás el domingo (como habíamos quedado) se le complicaba, y como dejar pasar la oportunidad de un masaje tántrico…
Así que acepté la oferta. Preparé la casa: luces, sahumerio, música. Me bañé y me quedé en bata… Le mandé un mensaje avisándole eso mismo porque aún no tenía claro qué intención tenía ese encuentro… Él es alguien que contrató dos sesiones de fotos; esa misma mañana le entregué las últimas fotos, para cerrar nuestro trabajo juntxs y que diste ya de ser cliente… Aun así, siempre trato con cierto respeto y cuidado , por las dudas de no interpretar lo que no es… Le avisé que me quedaba desnuda debajo de la bata, para recibirlo (bah solo con bombacha, que más adelante se convertiría en un beneficio a favor de la excitación, pero no me voy a adelantar en la historia…). Le avisé y me respondió que relajara… y que ya estaba en la puerta.
Fui a abrirle, entró, se acomodó, pasó al baño y le dije: —Bueno, ¿me acuesto en la cama te parece? ¿Boca arriba o boca abajo? —Como vos quieras arrancar…
Y me acosté semidesnuda boca abajo. La desnudez no me cuesta en la intimidad con un hombre, aun cuando no lo conozca tanto, aun cuando no queda claro qué es ese encuentro… Y es porque le estoy buscando una etiqueta dentro del catálogo de “citas”, como entiendo las citas… como socialmente se entienden las citas, bah. Yo ya entiendo más que eso (o al menos la mayoría del tiempo, cuando mi cerebro no intenta ordenar las experiencias en categorías y nombres comunes).
Me acosté, me preguntó si me molestaba que él se quedara en ropa interior… Claramente no molestaba … físicamente es una persona que me atrae, y además ya lo vi y fotografié desnudo. —Ya pasamos esa barrera —le dije…
Más tarde pensé en decirle: “no me molesta si te quedás completamente desnudo”… por suerte no tuve que decirlo, él tomó el tema en sus manos y al rato del masaje se desnudó. (Nuevamente me estoy adelantando en la historia …)
Arrancó el masaje, bastante tranqui, recorriendo mi espalda con sus manos… y estuvo un rato ahí. Antes de eso le dije: —Hoy me entrego a vos… lo que vos digas… - una forma no tan sutil de dar consentimiento y libertad de acción sobre mi cuerpo …
Se puso interesante cuando arrancó a bajar a la cola y a las piernas… y fue aún mucho más interesante de lo que podría pensar… Hasta ese día yo solo había recibido masajes tradicionales, así que el paso por la cola en esos casos era más superficial… pero ¡oh sorpresa feliz! cuando sus manos recorrieron mucho, pero mucho más en este masaje...
En esta parte del relato es cuando se empieza a poner interesante que aún tenía puesta la bombacha… porque él la bajaba o la corría para meter la mano por las zonas tapadas… y arrancaron suaves gemidos… Supuse que lo “sexual” estaba bien, ya que era un masaje tantrico consensuado, así que me dejé ser…
Lo interesante de esta parte del masaje es que hizo y mantuvo por largo rato los juegos que me enloquecen durante el sexo y que siempre espero que duren más… y acá duraron y mucho, porque el objetivo no era la penetración, porque esas cosas en sí mismas eran el objetivo…
Masajeaba y pasaba sus manos entre mis nalgas… hasta que empezó a masajear más la zona de la vulva. Recuerdo patente un movimiento: su mano pasando por debajo de mi cuerpo, cubriendo completamente mi vulva… Y de pronto uno de sus dedos haciéndose lugar entre mis labios arrancó a masajear el clítoris … La excitación ya estaba clara antes de eso, pero ahora ya era plena calentura sin escalas lo que sentí…
Días después de ese encuentro, me contó que en ese momento, cuando yo estaba de espaldas ya había dejado asomar su pija erecta por fuera del bóxer… la idea de que la tenía parada y afuera cuando yo estaba de espaldas y ni enterada, me dio muchisimo morbo …
Otra cosa muy buena de este tipo de masaje, de este tipo de encuentro bah es que se mantenía con cierta incógnita, yo no sabía hacia dónde iba a ir… estaba lejos de la situación predecible que que puede ser la búsqueda del coito… Acá no sabía qué iba a pasar, qué iban a hacer sus manos, qué iba a hacer él… y eso sumaba una cuota interesante de excitación y misterio. También me descubrí por momentos algo ansiosa: ansiosa de coger… o de demostrarle que lo estaba disfrutando… o hasta de agarrar y tocarlo a él, como si tuviera que retribuirle, como si el sexo no fuera sexo hasta que no se toca la pija… Pero no era una cuestión de sexo explícito, no en el sentido tradicional al menos… Así que fui calmando mis ansiedades y volviendo a entregarme a sus manos…
Recuerdo que en algunos momentos me abrió más las piernas… todos esos movimientos los acompañé con mi cuerpo para que se diera cuenta de que consentía y disfrutaba todo, que realmente estaba entregada (ahí entra uno de mis juegos favoritos: que muevan y hagan con mi cuerpo a su criterio y ganas).
En algún momento arrancó a sacarme la bombacha y lo ayudé con el movimiento… Qué cosa más excitante, solo por esas cosas como que me la sacara o que metiera sus manos debajo de la tela, valió la pena dejarmela puesta…
Al rato me di vuelta, él me movió para que lo hiciera. Me acosté de frente… para ese momento él se desnudó y pude ver su erección. Cada tanto él se la tocaba un poco… cada tanto veía cómo caían gotitas de la punta…
Su cuerpo entró más en juego una vez que estuve de frente… De a poco, por momentos, se fue apoyando más sobre el mío… Pasaba suave el torso mientras estiraba las manos… o me apoyaba su cuerpo sobre mi pierna, que estaba ya abierta … Primero el masaje lo concentró en el torso y las tetas… Días antes, cuando habíamos hablado de hacer esto, tuve fantasías con ese masaje y pasó muy parecido a lo que fantasee: primero masajearme las tetas, y después tocarme la vulva hasta el orgasmo…
Aún estaban sus manos en mi torso y se me escapó un: —Qué difícil es no tocarte a vos… Dije eso mientras cerraba mis puños y movía mis brazos y mi cuerpo en ese movimiento de placer.
También me mordí seguido el labio, gemí, abrí y cerré los ojos porque todo era bueno… tanto ver, como solo concentrarme en sentir…
En un momento se puso entre mis piernas, se arrodilló frente a mi… y hasta me levantó la pierna… En mi mente surgió un comentario (que tranquilamente podría haber dicho en voz alta): “me estás matando”… Confieso que tenía ganas de que me la metiera ahí mismo…
Hubo un momento del masaje muy bueno respecto a esa posición... En esa parte se dedicó ya directamente a mi vulva y mi clítoris… y recuerdo cómo mi cuerpo y mi pelvis se acercaban sutilmente a él… podía sentir que su pija estaba cerca, y como si mi cuerpo lo buscara solo… Creo que lo más interesante que estoy rescatando de las experiencias tántricas es que, si lo dejás ser, se vuelve un baile que el cuerpo sabe bailar muy bien solo, que no hay pasos ni técnicas… que es un fluir de los cuerpos que tiene su propio lenguaje y surge de lo más natural.
Así bailamos por un rato: él tocándome y yo moviendo mi pelvis hacia él… No se encontraron mi pelvis y su pija, pero ese movimiento concentró tanta excitación que no había necesidad de hacer nada más que eso que se estaba haciendo tal cual…En ese momento resultado de lo que estaba haciendo tuve un suave orgasmo…
Me hizo una especie de after care, con las manos, pasándolas ya más suave por mi cuerpo… Y ahí fue que le ofrecí rotar, que yo le hiciera un masaje a él…
Se cortó el mood por un rato mientras fui al baño, él contestaba unas cosas en el celular… y yo lo esperé en la estufa encremando mis manos para prepararlas y que queden más suaves para tocarlo…
El masaje que yo le di fue más simple, el que había probado ya con “Sebas” y con un amigo…
Él se puso boca arriba, piernas abiertas, y yo por debajo de sus piernas primero sentada, para llegar desde abajo hasta su torso, para después arrodillarme entre sus piernas y tener mejor llegada… Recorrí con mis manos su cuerpo por un rato… hasta que me fui concentrando en la pija y el entorno a la pija… Lo fui aceitando hasta que todo se pusiera más suave y fácil de recorrer…
Cuando me concentré más en la zona de la pija pensé en bajar mi torso, y ahí fue inmediato: al fin lo escuché. Escuché que eso le generaba verdadero placer. Así, el masaje empezó a estar más dirigido … dándolo con mi torso… Y por sobre todo, lo que más le gustó: su pija entre mis tetas, todas aceitadas ya, y así resbalaba en un movimiento lento pero constante. Lo que me hizo también sostener bastante tiempo ese masaje fue escuchar esos pequeños sonidos de placer que le surgían, y ver los hilos que se estiraban entre mis tetas y su pija… Sostuve mucho el masaje y pensé en algún momento sostenerlo hasta que eyaculara… pero de pronto me aburrí un poco de eso, y ya no era tan “tántrico”, ya que no era un baile tan orgánico sino una búsqueda de un objetivo… Así que en un punto me detuve, me paré y le dije con mi voz tierna: —Yo soy nuevita en estos masajes, ya no se me ocurre más cómo seguir…
La verdad es que había variedad de formas en las que yo habría continuado de ahí, pero todas implicaban más intimidad, un consenso de encuentro más tradicional… Y es que con él las palabras no nos fluyeron fácil… Lo que nos reunió fue el toqueteo y nos funcionó muy bien… pero las palabras y la intimidad no surgieron…
Él me respondió que estaba bien… Le pregunté si le había gustado y me respondió que mucho!… Y tuvimos el momento más lindo y quizás íntimo (aunque repito, todo lo anterior fue excelente, no le estoy dando más valor a lo que se dio en esos minutos, pero sí fue lindo y cercano).
Se sentó en la cama, me agarró de las caderas y me llevó hacia él, puso su cara entre mis tetas, nos abrazamos en esa postura… Y segundos después empezó a tocarse y a tocarme… Se masturbó mientras me tocaba a mí… Ese abrazo fue más suelto, más parecido a un encuentro… hasta que en algún momento se me cruzó besarlo… pero las bocas no parecían poder expresar ese día, ni en palabras ni en acciones… Así que seguimos ahí, en el abrazo y la masturbación conjunta… hasta que me dijo: —No quiero acabar para no ensuciarte todo... —Acabá tranquilo, este acolchado está para la guerra. (Tiene muchas marcas ese acolchado, muchos recuerdos grabados en sus fibras).
Eyaculó y en un suave movimiento fuimos soltando nuestros cuerpos…
Sabíamos, sin decir nada, que el encuentro había llegado a su fin. Nos limpiamos un poco, se vistió, me vestí… Charlamos un poco más, le dije que había que hacer ese encuentro grupal de rotación de masajes como esos, y me dijo que sí, que tenía gente a la que le iba a interesar…
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